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2022: recuperar la salud y la calle
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2022: recuperar la salud y la calle

Por Aitor Goicoechea
lunes 03 de enero de 2022, 20:18h

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Ecologistas en Acción da la bienvenida a 2022 con el deseo de que en el año nuevo se ponga en el centro de todos los intereses atender a la salud de las personas y la salud del planeta.

Hace cuatro años Ecologistas en Acción daba la bienvenida a 2018 pidiendo salud –para las personas y los ecosistemas–, dinero –reparto de la riqueza– y amor –dedicar más tiempo a las relaciones sociales–. En 2019 la organización ecologista afirmaba que esta década lo tenía que cambiar todo y en 2020 recordaba que, ante las crisis de biodiversidad y cambio climático, tocaba cooperar y rebelarse, tomar las calles. Y en esto llegó la pandemia que todavía se atraviesa a nivel planetario: la salud ha pasado a ser el principal tema de debate, todo ha cambiado de repente y ha tocado estar en casa más de lo deseado.

Por ello, Ecologistas en Acción da la bienvenida a 2022 con el lema de su última Asamblea Confederal celebrada en Xixón en diciembre de 2021: «Recuperar la salud y la calle».

Primer propósito: recuperar la salud

Tras una crisis sanitaria nadie duda de que recuperar la salud es lo más importante. Pero no se puede olvidar que no se gozaba de buena salud antes de 2020. Los informes de calidad del aire de Ecologistas en Acción reflejan las decenas de miles de muertes prematuras que se producen por la contaminación atmosférica en el Estado español. Tampoco es muy saludable el agua que se bebe o la que está en los ríos, ni los alimentos que se consumen, debido a un modelo agrario más pensado para enriquecer a una minoría que para alimentar de forma saludable a la población. La gestión de los residuos, especialmente de la incineración, que suele situarse cerca de las poblaciones más empobrecidas, también supone problemas de salud humana.

Más allá de la contaminación ambiental, el modelo económico actual está produciendo cada vez más problemas de salud mental, fruto entre otras cosas de la precariedad, el aislamiento o de la falta de tiempos para los cuidados. Problemas que además son más patentes en mujeres y personas en situación de mayor vulnerabilidad, como aquellas con menos recursos económicos o las personas migrantes. Algo que se ha agudizado con la pandemia, porque, a pesar de lo que se ha repetido en muchas ocasiones, el coronavirus sí entiende de desigualdades sociales.

Por otro lado, si esta pandemia ha mostrado algo es que la salud del planeta y la de las personas están ligadas. La pérdida de biodiversidad y el cambio climático están detrás del aumento de enfermedades infecciosas, del aumento de desplazamientos forzados, de la pérdida de alimentos o de las muertes por el aumento de eventos climáticos extremos. También la lucha por recursos naturales está detrás de las guerras, cuyas bajas siguen siendo una vergüenza para la humanidad.

Recuperar la salud, por lo tanto, va mucho más allá de bajar la incidencia o la mortalidad provocada por la COVID–19, aunque sin duda esto sea muy importante. Recuperar la salud pasa, por supuesto, por reforzar la sanidad pública, junto con el resto de servicios públicos, pues son estos los que permiten paliar las diferencias sociales. Pero también implica revertir la pérdida de biodiversidad, mitigar el cambio climático, cambiar el modelo agrario hacia la agroecología, recuperar los espacios naturales y evitar la deforestación, dejar los combustibles fósiles bajo la tierra, acabar con el exceso de residuos y eliminar todo lo que no sea biodegradable. Además de cambiar el modelo productivo para producir solo aquello que no sobrepase los límites de los ecosistemas, reducir la jornada laboral para repartir el empleo y poder dedicar más tiempos a los trabajos de cuidados, eliminar la extrema riqueza para avanzar en equidad social y parar todas las guerras. En resumen y sin medias tintas: parar el capitalismo, que pone el lucro por encima de la salud del planeta y de las personas.

Segundo propósito: recuperar la calle

Si algo sabe Ecologistas en Acción es que los deseos no se cumplen por arte de magia, y mucho menos porque quienes están en el poder cedan en aras de la justicia social y ambiental. Prueba de ello es la incapacidad de gobiernos e instituciones internacionales para tomar medidas ambiciosas y contundentes sobre cambio climático y biodiversidad para revertir ambos problemas tan graves.

La clase política, rehén de los poderes económicos, se ha mostrado a todas luces incapaz de llevar a cabo los cambios que pide la sociedad bajo las recomendaciones científicas. Esto se observa claramente con los fondos Next Generation, supuestamente encaminados a responder a la crisis social pero que, como advertíamos desde Ecologistas en Acción, están yendo a las grandes empresas y están reforzando el modelo que ha generado la crisis socioambiental sin producir cambios estructurales.

Toda mejora social ha venido precedida de una fuerte movilización. Por ello, en el contexto actual de pandemia y emergencia ecológica que vivimos, el papel de la ciudadanía organizada sigue siendo fundamental. Una ciudadanía que ha demostrado responsabilidad y solidaridad a lo largo de estos dos años haciendo sacrificios por el bien común. Una ciudadanía que ha sufrido la enfermedad y también el confinamiento, la distancia social y el miedo. Una ciudadanía que en esas duras condiciones se ha organizado para repartir comida, asistir a la gente enferma y remediar los duros golpes de la crisis.

Hace más de una década, las investigadoras del Centro Internacional de Conflicto No Violento Maria J. Stephan y Erica Chenoweth determinaron, tras un estudio de más de un siglo de movilizaciones, que hace un falta un 3,5 % de la población proactiva en protestas no violentas para conseguir un cambio social. Hoy apelamos a la movilización social y a la desobediencia civil en la búsqueda de los cambios que necesitamos. Hemos estado dos años sosteniendo, cuidando, respondiendo. Ahora lo responsable e indispensable es recuperar las libertades perdidas en esta pandemia y tomar las calles.

Retomar las movilizaciones climáticas, dar fuerza a la lucha por un tren público y social que vertebre el territorio, reforzar las acciones contra la ganadería industrial, seguir resistiendo a los tratados comerciales y de inversión, promover el empleo digno y ecológico, renaturalizar ríos, defender la sanidad, las pensiones, el agua, la luz y el resto de servicios públicos, recuperar espacios que son de todas –como la laguna de la Janda– o bloquear la reunión de la OTAN en junio son ejemplos de ello. Esto es poner, de verdad, la salud en el centro.

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