CIENCIA

Crustáceos obtienen energía de microplásticos biodegradables, según estudio

Redacción | Jueves 29 de enero de 2026

Un estudio del Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS) revela que el crustáceo Artemia franciscana puede obtener energía de microplásticos biodegradables, específicamente de polihidroxibutirato-co-valerato (PHBV). Estos biopolímeros, producidos por bacterias y considerados sostenibles, son digeridos por Artemia, lo que promueve su crecimiento y altera su fisiología. A diferencia de los microplásticos convencionales, los PHBV reducen el estrés oxidativo en estos organismos. Sin embargo, los investigadores advierten que la biodegradabilidad no implica inocuidad, subrayando la necesidad de evaluar el impacto ecológico completo de estos materiales en los ecosistemas acuáticos.



Una reciente investigación del Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha puesto bajo el microscopio a un pequeño crustáceo que juega un papel crucial en los ecosistemas hipersalinos. Este estudio se centra en la respuesta de Artemia franciscana a los microplásticos biodegradables de polihidroxibutirato-co-valerato (PHBV), un tipo de biopolímero producido por bacterias que se descompone en el medioambiente, lo que lo convierte en una alternativa más sostenible frente a los plásticos convencionales.

Los resultados, publicados en la revista Marine Pollution Bulletin, revelan que estos microplásticos pueden ser digeridos por Artemia franciscana, lo que no solo fomenta su crecimiento, sino que también provoca cambios significativos en su fisiología.

Impacto ambiental de los plásticos biodegradables

El estudio arroja nueva luz sobre las implicaciones ambientales de los plásticos biodegradables. Un equipo multidisciplinario, que incluye investigadores de la Universitat Jaume I (UJI) y del Instituto Argentino de Oceanografía, ha demostrado que la exposición a microplásticos de PHBV genera respuestas fisiológicas complejas en Artemia franciscana.

Artemia, un género conocido por sus capacidades filtradoras, se alimenta principalmente del fitoplancton presente en lagos salados y salinas costeras, donde también sirve como fuente alimenticia para diversas aves como flamencos y gaviotas. Además, es ampliamente utilizado en acuicultura para alimentar a peces y crustáceos jóvenes, convirtiéndose así en un modelo valioso para estudios sobre redes tróficas y ecotoxicología.

Crecimiento inesperado y efectos secundarios

A pesar de las expectativas iniciales, la exposición a estas partículas no resultó letal; en algunos casos incluso estimuló el crecimiento de los organismos. Sin embargo, este beneficio aparente tiene su lado negativo: las partículas ingeridas alteraron la estructura celular del intestino y modificaron el perfil de ácidos grasos del crustáceo. A diferencia de los microplásticos convencionales, que tienden a aumentar el estrés oxidativo —un daño celular causado por moléculas nocivas—, los PHBV mostraron capacidad para reducir dicho estrés.

Estos hallazgos sugieren que Artemia podría estar utilizando estos plásticos biodegradables como fuente energética, algo inusual comparado con su interacción con microplásticos tradicionales.

La advertencia sobre la biodegradabilidad

“Estos hallazgos son cruciales”, señala Inmaculada Varó, científica del CSIC e investigadora principal del estudio. “Nos indican que la biodegradabilidad no implica necesariamente inocuidad. Un material puede ser bioasimilable e interactuar con organismos de maneras profundas que necesitamos comprender para evaluar su verdadero riesgo ecológico”, advierte.

El estudio utilizó técnicas avanzadas combinando biología, histología y química durante dos semanas para observar cómo Artemia franciscana respondía a diferentes concentraciones de microplásticos PHBV a lo largo de varias etapas vitales. La microscopía electrónica reveló cambios significativos en las partículas recuperadas de las heces del crustáceo, indicando que parte de estos plásticos fueron efectivamente digeridos.

Nueva perspectiva sobre la contaminación plástica

Natalia Buzzi, investigadora del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO-CONICET) y coordinadora del estudio, destaca: “Este trabajo resalta las diferencias entre los microplásticos PHBV y los convencionales, subrayando la necesidad urgente de evaluar exhaustivamente el ciclo completo de vida de los bioplásticos. Esto contribuirá a un debate global más informado sobre la contaminación plástica en nuestros ecosistemas acuáticos”.

Preguntas sobre la noticia

¿Qué crustáceo se estudió en la investigación sobre microplásticos biodegradables?

Se estudió el crustáceo Artemia franciscana, que es clave en los ecosistemas hipersalinos.

¿Qué tipo de microplásticos se analizaron en el estudio?

Se analizaron microplásticos de polihidroxibutirato-co-valerato (PHBV), que son biopolímeros producidos por bacterias y considerados biodegradables.

¿Cuál fue el principal hallazgo del estudio respecto a Artemia franciscana y los microplásticos PHBV?

El estudio encontró que Artemia franciscana puede digerir los microplásticos PHBV, lo que promueve su crecimiento, aunque también altera su fisiología.

¿Los microplásticos biodegradables son inocuos para el medio ambiente?

No necesariamente. La investigadora Inmaculada Varó advierte que la biodegradabilidad no implica inocuidad, ya que estos materiales pueden interactuar con organismos de maneras complejas.

¿Qué técnicas se utilizaron en el estudio?

El estudio combinó técnicas de biología, histología, química de lípidos y ciencia de materiales para evaluar el impacto de los microplásticos en Artemia franciscana.

¿Por qué es importante este estudio sobre microplásticos biodegradables?

Este trabajo destaca las diferencias entre los microplásticos biodegradables y los convencionales, subrayando la necesidad de evaluar completamente el ciclo de vida de los bioplásticos para entender su impacto ambiental.

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